sábado, 11 de junio de 2011

Artículos - Estudios: ¿Quién Necesita a los Teólogos?

¡¿QUIÉN NECESITA A LOS TEÓLOGOS?!
Análisis del presente, Desafíos y Tendencias Futuras de la Educación Teológica en América Latina
Por, Gabriel Gil Arancibia. Magister en Teología, Pastor, Profesor y Conferencista Empresarial.


Introducción.
Tiempo atrás en una de mis cátedras de teología en Quito, uno de mis alumnos –de avanzado nivel académico-, me confidenció que su padre estaba muy preocupado de que hubiera ingresado al seminario a estudiar teología. Su padre, un profesional de 55 años de edad había dado educación universitaria a sus dos hijos mayores, ahora su último hijo quería estudiar una “carrera sin futuro” (palabras del padre). ¡Qué pérdida de tiempo! –pensó el padre, ¡y de dinero! –dijo la madre con un tono de voz preocupado. Cabe mencionar que ambos eran cristianos fieles de una congregación evangélica; líderes de trayectoria, fieles diezmadores y fuertes aliados del pastor de su iglesia local.

Tanto fue la insistencia del hijo que logró convencer a su padre. Sin embargo, éste le puso una sola condición: “Hijo –le dijo-, puedes estudiar en el seminario, pero a la par estudiarás una carrera de verdad, una que te sustente, que te permita triunfar en la vida, tener esposa e hijos y mantenerlos, una que te permita proyectarte en el futuro, porque a fin de cuentas, ¡¿quién necesita a los teólogos?!”.

El chico de la historia estudia dos carreras a la vez: Psicología en una universidad de prestigio y teología, en un seminario evangélico también de prestigio. La primera carrera le tomará cinco años de estudios, la segunda –teología-, cuatro. La primera le ofrece rentabilidad casi al principio de comenzar a trabajar, la segunda, como bien sabemos, consiste en… “servir a Dios y esperar que Él en su misericordia provea un futuro mejor”[1].

El caso mencionado arriba es uno de los cientos que escuchamos (y seguiremos escuchando si no hacemos algo para revertir la situación) en nuestras aulas, oficinas, comedores y dormitorios de las distintas casas de estudios evangélicas del Continente Sudamericano. Algunas historias se diferencian en los matices[2], pero el final es el  mismo. Nuestros jóvenes se preguntan cada vez más: ¿Vale la pena estudiar teología? ¿Qué tan inteligente es estudiar dos, tres o cuatro años una carrera que no es reconocida a nivel universitario, que no es lucrativa y que no ofrece un campo laboral definido?

Algunos de mis lectores podrían reaccionar diciendo que las iglesias necesitan “pastores educados”, con conocimiento bíblico y teológico, para subir el nivel de los sermones y formar congregaciones cultas. Todo esto es cierto y estoy plenamente de acuerdo, pero las estadísticas nos dicen que las iglesias más grandes de América Latina, numéricamente hablando, son lideradas por pastores que no tienen una preparación teológica formal. Con estudios bíblicos “por aquí y por allá”, pero no necesariamente con dos o tres años de seminario encima. Entonces, algo no anda bien la ecuación teológica-ministerial[3], ¡algo debe cambiar!

I. ¿Qué es la Teología?

Una pregunta sencilla de formular, difícil de contestar. De más está decir que etimológicamente la palabra en sí proviene de dos vocablos griegos Theos, dios y Logos, estudio, tratado, ciencia; que en conjunto elaboran la definición “el estudio de Dios”.

Ya desde esta definición se hace difícil entender el amplio significado de la teología pues, ¿se puede estudiar a Dios? La respuesta obvia es ¡No! Entonces -como me dijo un alumno colombiano años atrás-, “Profe, ¡¿Qué carajo hacemos aquí?!” (perdón por la expresión, estoy siendo fiel a la fuente)[4].

La teología pretende ser una ciencia, pues aplica métodos científicos para determinar la verdad que investiga. Sin embargo, entre los propios teólogos no se llega a un acuerdo respecto si la teología es una ciencia objetiva o más bien, una ciencia subjetiva. Así entonces encontramos muchas y variadas definiciones respecto a “qué mismo es la teología”. Quizás una de las definiciones más fáciles de comprender es: “La teología es la ciencia que pretende estudiar lo que Dios ha revelado de sí a los seres humanos y cómo estos se relacionan con Dios en base a esta revelación”.

Varios seminarios e institutos bíblicos en el continente han delineado sus pénsums académicos en base a la definición planteada en el párrafo anterior pues es una forma de “dar sentido a la teología”, ya que, si Dios no puede ser estudiado, estudiemos lo que Él en su soberana volunta nos ha mostrado[5].

De todas maneras, para aquellas mentes inquietas e investigativas, sugiero la lectura de algunos libros de teología donde encontrarán definiciones más acabadas respecto al término: Teología Sistemática, de Louis Berkhof (de corte calvinista); Teología Básica de Charles Ryrie (de corte bautista); Teología Bíblica Pentecostal, de Stanley Horton (de corte pentecostal) y; Doctrina Cristiana, de Armington, de la Iglesia de Dios, aunque siendo honesto, no encontramos en sus escritos alguna definición de teología. También pueden recurrir a páginas de Internet como: La Teología, Ciencia de Salvación (quizás una de las más completas).

II. ¿Para qué sirve la Teología?

Es común que nuestros estudiantes seminaristas respondan a la típica pregunta de sus amigos y pares, “¿qué estudias?” con una respuesta sencilla, directa e ingenua, pero muchas veces no comprendida por sus interlocutores: “Estudio teología”. Veamos un ejemplo:

-      Amiga universitaria: ¡Hola José! Tanto tiempo que no te veía, ¿cómo estás?
-      Seminarista: ¡Hola Cata! Muy bien gracias a Dios. ¿Cómo estás tú?
-      Amiga universitaria: Bien, estoy en la U, estudiando medicina. ¿Y tú?
-      Seminarista: Estoy estudiando en un seminario, teología.
-      Amiga universitaria: ¡Qué bueno! ¿Qué es eso?
-      Seminarista: La teología es el estudio de Dios.
-      Amiga universitaria: Ahhh! Bueno José, tengo que irme. Chao, ojalá nos veamos otra vez.
-      Seminarista: Igualmente Cata, nos vemos.

Evidentemente las conversaciones de los jóvenes de hoy son más largas que la representada aquí, pero he rescatado lo que me interesa plasmar en mis lectores.

La amiga universitaria representada como “Cata” fue cordial, hasta amable diría yo, pues se limitó a aprobar y luego despedirse de su amigo, pero, ¿entendió realmente lo que “José” el seminarista estudia? Al fin y al cabo, ¿qué es la teología y para qué sirve? Una pregunta genuina que debemos plantearnos, y no porque la sociedad lo haga, pues el mundo secular no le interesa siquiera un poquito saber para qué sirve la teología (y a la Iglesia también). Es más una pregunta “introspectiva” para quienes estamos embarcados en el “negocio de la educación teológica”. Algo es muy cierto en todo esto: “La iglesia, muchas veces, ofrece respuestas a preguntas que el  mundo no ha formulado”[6].

La medicina sirve para sanar a los enfermos; la arquitectura para construir edificios, casas, carreteras, etc;  la pedagogía para enseñar a los niños, jóvenes y adultos, pero… ¿Para qué sirve la teología? He aquí algunas de las respuestas más típicas que he escuchado en mis años como teólogo y docente-administrativo: “Para estudiar a Dios”, “para hacerme pastor”, “para fundar una iglesia”, “para servir a Dios”, “para comprender mejor la Biblia”, “para ser líder de mi congregación” y otras. Nótese que ninguna de las respuestas menciona lo que escuchamos de otras carreras: Para ser teólogo.

Nuestros jóvenes universitarios estudian medicina para ser médicos y ayudar a la gente con sus dolencias físicas; los que estudian arquitectura lo hacen para ser arquitectos y construir edificios; los que estudian pedagogía se convertirán en pedagogos y enseñarán a las futuras generaciones. Nuestros seminaristas estudian dos, tres o cuatro años y se convierten en “pastores”, “líderes”, “encargados de obras”, etc. Pero son muy pocos los que están concientes que se graduarán de “teólogos”.

Es decir, estudian teología pero no para ser teólogos propiamente tal, que es lo lógico, sino para convertirse en “profesionales afines”; es decir, “carreras afines a la teología”, la más común, pastor.

Quizá por esto y otras razones que estudiaremos más adelante, varios seminarios en el Continente Sudamericano han cambiado la modalidad de “teología sistemática” tan aceptada en Europa todavía a “teología pastoral”, porque al fin de cuentas la mayoría de los graduados de seminarios e institutos bíblicos terminan trabajando como pastores de iglesias.

Entonces, ¿es legítimo afirmar que la teología como carrera sirve para preparar a los futuros pastores de las iglesias en América Latina? La respuesta es doble:

-      SÍ: Porque eso es el ideal que los directores de educación teológica, rectores de seminarios, docentes y administrativos desean, osea, es lo que ellos –o más bien nosotros-, queremos que ocurra. Que las iglesias evangélicas sean pastoreadas por ministros educados teológicamente para así formar una nueva generación de cristianos “cultos”, en el sentido bíblico-teológico.

-      NO: Porque en la práctica no ocurre como desearíamos. Muchas de las iglesias en América Latina son pastoreadas por hombres y mujeres que no han pasado por un entrenamiento formal en teología, y a varios de estos pastores parece irles bastante bien (sueldos dignos, buenos carros, casas propias, hijos en la universidad, iglesias grandes, populares, etc.) sin la necesidad de haber tenido que “estar años” dentro de un seminario.

Ahora bien, si la teología como carrera sirve para entrenar, capacitar, formar y equipar a los futuros líderes eclesiásticos del continente, vale la pena preguntarnos si lo estamos haciendo bien, lo cual es otra pregunta que deberíamos contestar.

El conocido profesor Roberto Amparo Rivera en sus cátedras de “evaluación de los curriculums académicos de los seminarios evangélicos”, afirmó de manera muy categórica que: “Nuestras mallas curriculares, los programas de estudios, cursos y otros no son lo suficientemente pertinentes a las necesidades de la sociedad latinoamericana”. De ahí que es válido preguntarnos: ¿Quién necesita a los teólogos?

1. Análisis de la Situación Actual.
¿Cuál es la situación actual de la educación teológica evangélica/protestante en América Latina?

“Nuestros seminarios están repletos de estudiantes y los programas de residencia no tienen cupos suficientes para satisfacer las altas demandas de los candidatos, los directores o presidentes de seminarios son líderes de mucha influencia en sus denominaciones e iglesias, y los seminaristas egresados son muy bien recibidos en sus iglesias; los pastores compiten entre sí para lograr que un seminarista trabaje con ellos en sus congregaciones”.

¡Ojalá que esto fuera así! Sin embargo, la verdad es muy diferente a la relatada en el párrafo anterior.

Los años que me desempeñé como docente-administrativo del Seminario Sudamericano de la Iglesia de Dios en Quito, y como profesor invitado en varios seminarios del Ecuador (seminario bautista, Asambleas de Dios, Alianza, Del Pacto, Centro de Comunicadores Cristianos, y otros) así como conferencista en algunos países del continente, pude notar que los matices de la educación teológica eran casi los mismos, en cuanto a sus luchas internas y externas para seguir vigente, así como sus desafíos y tendencias futuras.

A modo de una humilde opinión, la situación actual de la educación teológica en el continente se puede resumir en algunos puntos (reconozco que pueden haber muchos más):

-      Nuestros programas de residencia cada vez se hacen más raquíticos; es decir, con pocos alumnos en los internados. Incluso algunos seminarios e institutos han optado por cerrar sus programas de residentes, ¿la razón? No hay alumnos/as.
-      Nuestras carreras de teología muchas veces son costosas, en comparación a carreras seculares que brindan beneficios económicos difíciles de superar por nosotros; es decir, carreras baratas, becas y facilidades de pago. ¿Cómo competir ante tal realidad?
-      Nuestros edificios (salas de clases, dormitorios, comedores, oficinas) requieren mantenimiento costoso. Al no haber estudiantes que generen ingresos económicos, ¿cómo seguir manteniendo las instalaciones de los seminarios en el continente?
-      Nuestros docentes reciben salarios extremadamente bajos, en comparación a los docentes de educación gubernamental y/o universitaria. Muchos de nuestros maestros enseñan en los planteles teológicos sólo “por amor a la Obra”, pero a la larga los sobrepasa el cansancio, la desmotivación y la frustración lo que hace que renuncien a sus cátedras. ¿Se los puede culpar o tildar de cobardes? ¡En ninguna manera! Sin embargo, muchas veces son menospreciados por sus propios colegas pastores.
-      Los directores/rectores/presidentes de seminarios e institutos asumen sus puestos con entereza, pasión, sueños y metas, pero a menudo sucumben ante un sistema eclesiástico apático y poco agradecido, lo cual genera en ellos/as desconfianza y temor. Además, muchos de estos directores se desmotivan por el poco reconocimiento económico a su gestión.
-      A pesar de todo, aún existe vocación ministerial. Es decir, los seminarios e institutos aún no cierran, ¡y no cerrarán! Porque aún hay fieles al llamado de Dios que buscan con interés prepararse formalmente en teología, por lo que es posible soñar con pastores y líderes preparados para Su obra. Por su puesto que los candidatos/as de hoy son difíciles de encontrar, pero existen, sólo resta salir en busca de ellos[7].
-      Cada vez más los programas de educación teológica “a distancia” o “virtual” cobran fuerza en el Continente Sudamericano. ¿La razón? Estos programas tienden a ser económicos (en costos, mantención y operatividad) y cómodos, en el sentido de ahorro de tiempo y espacio. Por lo tanto, son muchos los seminarios e institutos que implementan estos programas.
-      Los programas “extra-curriculares” se hacen cada vez más frecuentes en nuestros planteles educativos. Me refiero a programas paralelos a la teología como “educación para líderes juveniles”, “capacitación en capellanía”, “clínicas de adiestramiento para monitores de rehabilitación”, etc.
-      Nuestros seminarios han debido facilitar (alquilar, es el término correcto), sus instalaciones para encuentros, retiros, conferencias y reuniones a iglesias u otros organismos, con el fin de recaudar fondos para la mantención de sus propios programas. Existen casos en América Latina de seminarios católicos que les ha sido más rentable alquilar sus dependencias que dictar clases de teología.

2. Desafíos de la carrera de teología.

3. Tendencias Futuras de la educación teológica en A. Latina.










[1] Los cristianos evangélicos de la “escuela antigua” tendían a expresar su confianza en Dios aludiendo que Él proveería para todas sus necesidades: comida, vestido, casa (ni siquiera sueldo). Aunque para ellos estas cosas eran secundarias pues lo importante era “servir a Dios” pues lo demás “vendría por añadidura”. El pensamiento actual de la generación del siglo XXI es muy diferente al de nuestros abuelos y padres evangélicos, de esto hablaremos más adelante.
[2] Los varios profesores y profesoras de seminarios con los que he conversado a través de diferentes países me han mencionado historias de seminaristas realmente conmovedoras. Varios de nuestros estudiantes han tenido que luchar incluso con la incomprensión de sus padres, hermanos, pastores y líderes denominacionales. Varios de los mismos profesores que relataron  las historias confesaron que sus propias historias no son diferentes a la de sus alumnos.
[3] Latina 2008, Quito. (Organización juvenil cristiana latinoamericana).
[4] Clases de Teología de Los Romanos, Seminario Sudamericano. Quito, 2002.
[5] Kart Barth, un destacado teólogo, escritor y pastor suizo-alemán de principios del siglo XX enseñó en sus cátedras que: “Dios es el Dios que se revela y se oculta a su voluntad, y nosotros los hombres apenas podemos conocerlo en lo que Él se da a conocer”.
[6] Norberto Saracco. Reconocido teólogo y escritor argentino, en una de sus conferencias en Buenos Aires.
[7] John Wesley, el gran predicador del siglo XVIII y fundador del metodismo inglés, era renuente a predicar fuera del templo, es decir, al aire libre, pero cuando se percató que su querida Iglesia Anglicana había perdido vida y los feligreses no asistían como antes a los servicios, motivado por el ejemplo de un amigo, salió a las calles a predicar de Cristo. Los resultados fueron asombrosos: Miles de obreros se agolpaban para escucharlo. Las masas populares estaban siendo tocadas por el “profeta de Inglaterra”.

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