jueves, 17 de noviembre de 2011

ASIT: La inserción de la Iglesia en el Mundo Contemporáneo

LA INSERCIÓN DE LA IGLESIA EN EL MUNDO CONTEMPORÁNEO
Dr. Humberto Lagos S.


1. Una lectura de la realidad desde la perspectiva analítica de la Sociología de la Religión
La relación de pertenencia se integra en diversas vertientes que pueden confluir en un proceso estable institucionalmente porque la iglesia responde a las certezas buscadas por el fiel.
Si tomamos como ejemplo lo que sucede en Chile y creemos que ese modelo se reproduce también a nivel latinoamericano como fenómeno sociológico del mundo evangélico popular, más particularmente del proyecto Pentecostal en Chile, podemos apreciar que su característica central es la atomización. Este es un fenómeno que se repite en Argentina y también en diversos países.


1.1 Las dinámicas del crecimiento numérico
En Chile se expresa en más de 600 iglesias con vida jurídica, es decir, que existen legalmente, que se les ha otorgando un decreto de gobierno que dice: “yo le reconozco”, lo que da una existencia legal. A pesar de que en Chile existe separación entre Iglesia y Estado, dicho decreto no significa respeto a la libertad religiosa, sino que es simplemente tolerancia religiosa; el gobierno simplemente está diciendo: “yo te tolero, pero si me canso de tolerar, le prohíbo y no tengo que expresar ninguna causa para prohibírselo”. Esta es la razón por la cual nosotros en Chile estamos abocados a un cambio del estatuto jurídico de las iglesias evangélicas, y estamos dialogando con el gobierno desde el mismo gobierno para que eso se produzca y se de en plenitud, el derecho a la libertad religiosa establecido constitucionalmente.


Entonces estamos señalando a más de 600 iglesias con vida jurídica, y cuando hablamos de 600, tomamos el modelo de la iglesia metodista chilena que se cuenta como una sola aunque ella tenga 60, 80 o 100 congregaciones a lo largo de todo el país. De esas 600 iglesias, alrededor del 70% pertenecen al mundo Pentecostal.


Hay más de 2500 iglesias que existen de hecho, es decir, que no tienen existencia legal; ya vamos por las 3100 y creo que vamos aproximándonos al numero que tienen en Argentina, a pesar de que el número de la población es mayor. Por lo tanto, la incidencia en Chile del fenómeno de atomización de la iglesia es tremendamente importante.


En el universo evangélico protestante, el movimiento pentecostal representa alrededor de un 70% de sus integrantes; y aquí en este mundo atomizado hay un persistente crecimiento numérico seguido de una gran inconsistencia de fidelidad a la iglesia madre.


Doctrinalmente las prácticas sociales de los fieles pentecostales se alimentan sobre todo de lógicas metas sociales, las revelaciones que inciden muchas veces, en una débil adhesión a las institucionalidad eclesiástica local, la que se resiente fácilmente por vía conflictos internos. La iglesia con un nivel mayor de educación formal en sus fieles, seguido de una fuerte adhesión doctrinal, alejada de una sobredimensión emotiva tiene mayor estabilidad en la pertenencia de sus fieles pero en su rango de crecimiento numérico, son muchos mas conservadores.
En nuestra opinión, sin forzar el crecimiento numérico y de calidad de los fieles en las vertientes eclesiásticas evangélicas, así como la permanencia de ellos en las respectivas organizaciones de fe; tienen que ver con el tipo de discurso emitido, es decir, con la especialización del lenguaje, contenidos y formas que hacen a la comunicación una efectiva forma de relacionarse al interior del grupo y de expresarse hacia el mundo.


Hay que hacer una aclaración, y es que esta dinámica de atomización del mundo evangélico chileno si bien puede apreciarse como negativa en la perspectiva del peso institucional que debieran tener los evangélicos en la sociedad chilena (16 a 20 %), sin embargo es una dinámica de crecimiento. Se podría discutir el fondo doctrinal, la dinámica de la congregación, o la adoración. Se da que un fiel se pelea con su pastor y eso lo interprete como revelación del Señor, y rápidamente forma otra congregación y trata que ésa sea mejor que la iglesia madre. Entonces esta dinámica, es una reproducción constante que se de en toda la geografía nacional y particularmente en la zona del Carbón de Concepción, Loto, Coronel, y sectores de Santiago; comunas donde el 35% y 40% son evangélicos.

Entonces el tema no es que sólo nosotros observamos sociológicamente esto, sino que también lo estamos observando en Chile, en Perú, en Argentina, los partidos políticos miran a las iglesias como potenciales emisores de votos para determinadas situaciones del orden político. Se produce también la tentación política dentro de nuestras propias iglesias; tentación política que si bien podría tener grado de legitimidad, se asume de manera poco ilustrada, con poco conocimiento, demasiado fundado en revelaciones que no se relacionan con la verdad, y se demuestra con el paso del tiempo y puestos a prueba en los procesos eleccionarios que fueron enfoques mal asumidos. Diversos son los temas influyentes en el crecimiento de la iglesia local, de la denominación.


Además debe considerarse el mensaje evangélico, como la misión de la iglesia de Cristo, ubicándoselo en el contexto específico, en el que se lo pronuncia, se lo encamina en medio del mundo donde habitan los destinatarios del amor de Dios expresado en Jesucristo. No es lo mismo decir “Dios te ama” en un encendido sermón del día domingo a decirlo en medio de una población que se inunda a causa de los temporales. Tampoco es lo mismo emitir un discurso evangelizador en sectores populares sin mayor educación formal, que hacerlo en un medio universitario, de profesionales o de sectores de población con altos ingresos.


Esta situación del lenguaje juega en la pedagogía doctrinal que se utiliza. Por ejemplo, en las escuelas dominicales el material utilizado por bautistas, se elabora centralizadamente y fuer de contexto. El material de estudio es según el rango de edad, niños, mujeres, jóvenes, adultos, varones, etc., pero no hay especialización cultural, social, sectorizada, ni lenguaje acorde al medio que se enseña. Desde el punto de vista sociológico, es observable una especie de desclasización; de negación de la pertenencia social sectorial; que hay un intento de univocidad (una sola voz) altamente lesionante a una adecuada comunicación que responda al tipo de auditorio. Por ejemplo: con un sordomudo, la palabra emitida, no comunica, no sirve pues es otro el lenguaje para hablarle comprensiblemente. Un sermón en inglés sin traducción no comunica; el lenguaje escrito normal que no atiende al contexto es palabra inútil.


1.2 El discurso religioso
Tenemos que hablar de aquello que llamamos discurso religioso porque gran parte de la realidad religiosa, se expresa al interior de éste. La religión se sitúa en el campo simbólico y a través de la observación analítica de sus discursos es posible descubrir las funciones reales que ella cumple porque su estructura presenta una serie de indicadores de significación sociológica.


Tomemos como ejemplo el discurso religioso del Obispo Vicario Castrense del ejército de Chile, en una misa celebratoria del golpe de estado en la escuela militar. Él dice: “Hace 12 años el rosario comenzó a rezarse sin descanso y María hizo el milagro; era la segunda independencia de Chile”.


Otro ejemplo es el discurso del Papa. No hizo una condena directa a las violaciones de los derechos humanos, por el contrario, en respuesta al recibimiento del general Pinochet dijo lo siguiente: “Al comenzar mi peregrinación con la paz de Cristo, dirijo confiado mi mirada al Santuario Nacional de Maipú para pedir a Vuestra Patrona la Virgen Santísima del Carmen que ilumine y guíe mis pasos por los caminos de Chile”. Está reconociendo que la Patrona del Ejército de Chile tiene una mayor proximidad al general Pinochet. Además cuando el Papa visitó Chile su principal acto simbólico fue designar Reina de Chile a la Patrona del Ejército de Chile.


Es una lectura objetiva que uno hace de la realidad. El campo simbólico tiene una función primordial, resolver las contradicciones insolubles sobre el plano material social, es decir, asume el carácter de explicación de aquellos fenómenos que por contradictorios tienen capacidad de hacer dudar. Como la religión pertenece al campo simbólico, es un elemento de comprensión del mundo y de los signos producidos por universos sociales con una referencia a un elemento considerado como sobrenatural del campo de lo no verificable. El individuo nace al interior de un universo simbólico construido ya socialmente por los diversos grupos humanos que en el transcurso del tiempo han vivido una experiencia colectiva, eso es lo que se llama un universo simbólico instituido. Es decir, ya está ahí, la Virgen del Carmen está ahí, o sea, es un universo ya constituido al que se llega y que a su vez actúa e influye sobre los comportamientos de las colectividades humanas, es decir, es un universo instituyente, que provoca comportamiento, que induce actividades.

Toda práctica simbólica es necesariamente una atribución de sentido construida a partir de la experiencia vital de un grupo humano y que en relación con lo social es generalmente expresada en un proceso no conciente; lo social es influenciado por la producción simbólica que tiene cierta autonomía, porque entre ambos campos existe una relación de carácter dialéctico, así las creencias pueden influenciar en los comportamientos, al interior de otros campos, por ejemplo, el campo político y económico.


El análisis del discurso implica entonces inicialmente la convicción de que ese discurso no es pronunciado en el vacío, o en un medio ascéptico sino que por el contexto, de formas, de modos, de situación social, etc. que se relacionan con las condiciones sociales en que se produce, entonces, lo extralingüístico, aquello que está al lado, puede ser recurrido para arribar a una verdadera interpretación del discurso religioso, o de cualquier otro discurso.


Tomemos desde el punto de vista pedagógico, el texto bíblico de Génesis 3, y hagamos un análisis sociológico. Los primeros 14 versículos, la esencia de la tentación, cuatro personajes: Jehová Dios, la serpiente que representa el mal, y Adán y Eva. Toda la tentación gira en torno al tema del verbo rector que es el verbo comer: 11 veces está conjugado el verbo comer, 10 veces en sentido negativo, es decir, apropiarme, hacer mío todo aquello que ha sido creado por Dios para ser compartido, el pecado de apropiación. Una vez en sentido positivo, sentarme a la mesa para compartir lo creado. Si se empieza a leer la Biblia en la perspectiva del pecado de apropiación, se va dando cuenta que es un medio esclarecedor para entender muchas cosas de las que se nos dice en la Biblia, y así es como se nos está entregando un instrumental para que interroguemos mucho más, a esa peña de Oreb que es la Biblia que brota siempre agüita fresca pero que a veces no nos atrevemos a beberla en profundidad.


Si nosotros miramos en esa perspectiva el pecado de apropiación, que sigue es el de Caín quien se apropia de la vida de Abel; el hombre se apropia de mujer; ya no es el complemento ideal, la compañera perfecta, ni el hombre el compañero perfecto de la mujer, ya ambos se miran como objeto de apropiación (tenemos a David y Betsabé).


Y si nosotros miramos a Jesús en esta perspectiva, nos vamos a dar cuenta que Jesús desde el punto de vista pedagógico se presenta como Dios en la historia como el gran desapropiador. Aquel que se desapropia de su propia vida para dar vida en abundancia.


Jesús viene a enseñar mandamientos nuevos: “Amarás a tu prójimo... amarás tu enemigo”. Jesús leído de otra manera, como el gran desapropiador que siempre se presenta como el pan compartido. Los discípulos de Emaús, le reconocieron a través del pan, recién ahí lo reconocen. Es el pan de vida, siempre se representa así, y Jesús es el que muere por amor, el que se niega a matar por lo que cree. Entonces el texto hay que asimilarlo, hay que desmenuzarlo, porque siempre se nos quiere decir algo más que la lectura aparente, de aquello que bebemos como materialidad. Por eso es siempre importante considerar lo extralingüístico, para arribar a cualquier interpretación dentro del discurso religioso o cualquier otro tipo de discurso.


El discurso religioso se caracteriza por la lógica de encadenamientos de frases, pero este encadenamiento es la coherencia aparente que el análisis debe mostrar la lógica subyacente, los no dichos, los silencios. Pero este encadenamiento debe respetar aquellos elementos que son significativos en su enunciado.
El discurso religioso, y esto es fundamental; como todo discurso es el ejercicio de un poder. El profesor que se para frente a los alumnos está ejerciendo poder, y a él también el cabe la propuesta bíblica del poder que Jesús plantea. Poder para servir y no para servirse; poder para formar y no poder para deformar.

El discurso religioso, entonces es el ejercicio de un poder, quien profiere la palabra, quien lo dice hace uso de este poder, y naturalmente no todos los emisores tienen el mismo peso social; entonces la importancia e influencia de un discurso variará en esa relación. El signo tiene diferentes pesos, el signo depende del actor social que lo haga; el emisor tiene que ver con aquello que se está diciendo, con aquello que se está expresando. El discurso religioso no puede reclamar objetividad escuchado en un emisor “legítimo”, porque en su producción misma hay toda una serie de condicionamientos como el resultado de tensiones que están en su origen. La legitimidad proclamada por un emisor no debe impedirnos el análisis de su discurso, por el contrario, debe incentivarnos al descubrimiento de estructuras lógicas subyacentes en él.


Cuando nosotros hablamos de la inserción de la iglesia en el mundo contemporáneo, nos preguntamos por los aportes de la sociología. Los profetas eran extraordinarios sociólogos y eran buenos lectores de la realidad. La leían en función de la voluntad de Dios, y se expresaban con una increíble fuerza. Ellos no eran adivinos, no eran brujos; ellos sabían lo que iba a suceder, porque las lógicas sociales así lo indicaban.


Desde la sociología de la religión, podemos entender cuáles son los orígenes de los evangélicos en América Latina. Proponemos desde nuestra perspectiva tres proyectos o dinámicas:
  1. Un proyecto privatista, constituido por la iniciativa por la iniciativa personal de algunos protestantes extranjeros que viniendo a América Latina por razones profesionales buscaron crear un espacio social y jurídico para la fe disidente, de ahí nosotros observamos que están en este modelo el caso de los representantes diplomáticos de países protestantes. Por ejemplo, Inglaterra y Estados Unidos. Comerciantes y profesionales, como en el caso de los que al venir contratados como profesionales, aprovecharon para dar a conocer y enseñar la Biblia que en ese momento estaba terminantemente prohibida en sociedades como las nuestras, hegemónicamente dominadas por la iglesia católica.
  2. Otro proyecto que habla también de la inserción de nuestras iglesias, es el proyecto misionero, que obedecía a iniciativas colegiadas de organizaciones misioneras internacionales que enviaban sus representantes a América Latina para disputar el terreno religioso, social, geográfico y legal de la iglesia católica.
  3. Un tercer proyecto, es el inmigracionista constituido por la fe evangélica que venía ya estructurada socialmente en el interior de grupos de trabajadores al país.
2. La libertad religiosa y el estatuto jurídico de las iglesias
Los evangélicos protestantes en América Latina emergen en una sociedad dominada en manera absoluta por el catolicismo al que debieron enfrentarse para abrir los espacios que permitieron su posterior desarrollo. Allí está la explicación del anticatolicismo a ultranza que caracteriza a numerosos sectores evangélicos protestantes en América Latina.


Se da la relación del anticlicarismo, por ejemplo de la ideología liberal expresada en América Latina y en los grupos masónicos; y el anticatolicismo del protestantismo naciente que encontró buen aliado en esta teología liberal para disputar estos espacios legales, sociales, geográficos a la Iglesia Católica.
Para los patriotas independientistas latinoamericanos era difícil entenderse con una iglesia católica que era leal a la corona española o portuguesa. Entonces aparece el protestantismo como un elemento para contestar en código religioso a esta iglesia católica que tantas dificultades provocaba a la lucha por la libertad en los procesos independientistas en América Latina.


Los evangélicos emergieron en una cultura dominada hegemónicamente por la iglesia católica y eso nos ha marcado de manera profunda en toda esta lucha por el crecimiento. Nos ha provocado confusiones históricas, si bien hay situaciones que justifican esta confrontación que se dio, de pronto se producen cambios a nivel de las relaciones de iglesia y algunos no las ven de manera adecuada y se mantienen las tensiones de manera ahistórica.

2.1 El crecimiento
En el contexto y la dinámica del crecimiento debemos evitar una confusión peligrosa que hemos observado, y es, confundir crecimiento con engorde. Esa es una complicación. Podemos engordar en número peor no crecer como iglesias y personas. El crecimiento se da en un contexto integrador y crece y se relaciona con la situación de la madurez de una iglesia que tiene una misión; en esa misión la iglesia necesita madurar de manera adecuada respecto del contexto en que está efectuando su tarea.


Definitivamente la crisis, es ese momento continuo que aprisiona la inestable situación sociopolítica de esta parte sur del continente, y es en ese contexto de crisis donde se plantea el desafío a la misión de la iglesia latinoamericana. Pero esta crisis es un desafío a las iglesias en fidelidad al Verbo que se hizo carne; deben reconocer que la Palabra descontextualizada es inútil, es vana. Entonces ser cristiano nos implica como iglesia, un compromiso objetivo con los diversos aspectos de la realidad social e individual concreta. Esta iglesia nuestra debe reconocerse como al enviada, negándose a constituir una estructura estática e indiferente. La misión de nuestras iglesias en el contexto socio-político y económico, es que desarrollemos nuestras actividades comunicando para influir las conductas individuales y sociales en dirección de la dignidad humana. Pero esta misión de ser Verbo encarnado exige a la iglesia la armonía de la madurez, de aquella madurez forjada en los profetas veterotestamentarios y que se integra, por ejemplo, con autentica identidad, es decir, la identidad de Cristo, con verdadera sabiduría. Con capacidad para hacer juicios correctos y ordenados; para leer lo que está sucediendo en el entorno donde la iglesia actúa, una iglesia con equilibrio emocional, en el que los rasgos de la personalidad individual y colectiva sean dominados por la razón; una iglesia con capacidad para amar aún al enemigo, y una iglesia con poder para entregarse es decir, que tenga sentido de la negación de sí misma, sentido del sacrificio.


No crece una iglesia que critica a un torturador porque fuma. No crece una persona que le molesta el llanto de un niño sin preguntar la causa de lloro. No crece una iglesia que se hace preguntas ante el herido de Jericó, pero que pasa sin detenerse junto a él. La pregunta correcta de una iglesia que quiere crecer es la pregunta que Jesús nos plantea en la parábola del buen samaritano. Este hombre tenía el mismo miedo que el levita y el sacerdote. Seguramente miró hacia todos los lugares para ver si los salteadores estaban por allí, y tenía miedo. Pero él se hizo la pregunta correcta, la pregunta que Jesús nos pide que nosotros nos hagamos: ¿Qué le va a pasar a mi hermano, qué le va a pasar a mi hermana si no me detengo junto a él, si no me detengo junto a ella?


No crece una iglesia fundada en un modelo autoritario. Por ejemplo, la teología de la negación, en la que nos definimos no por lo que somos desde el punto de vista de la libertad sino que nos definimos por la negación: no tomo, no fumo, no bailo, no voy al fútbol, no voy al cine. Entonces nuestra visión del ser cristiano se transforma en una especie de prisión, y la libertad del cristiano para vivir responsablemente en función de la dignidad humana desaparece ante esta serie de negaciones que a veces nos tientan en nuestra actitud de iglesia. La pregunta correcta acerca de la iglesia y el crecimiento pasa fundamentalmente por descubrir las áreas de importancia de su influencia en la sociedad antes que por los porcentajes numéricos. ¿Qué somos y no cuánto somos? Eso es lo que debe preocuparnos como iglesia. 


En Chile hay iglesias que están trabajando integralmente, es decir, un trabajo social testimonial en sus barrios, y que han bautizado más gente que nunca. Si miramos eso como crecimiento también es una de las variables, y ellos mismos estaban sorprendidos porque para ellos era una práctica nueva, esto de integrar el testimonio concreto de trabajo asistiendo a la gente, estar con las personas que tenían necesidad y que también son personas de la propia iglesia. Ellos estaban sorprendidos por ello, porque relacionaban siempre a los bautismos con las campañas de evangelismo que se hacían. Las más de las veces, las campañas de evangelismo de una semana son un descargo de conciencia por todo lo que no hacemos en un año. Esto nos pasa con frecuencia, por eso es mucho más importante el que nos preguntemos: ¿qué somos y no cuántos somos? Ojala se integren estas dos realidades, yo no digo que sea malo crecer en número, sino que me parece adecuado considerar que el crecimiento sea integral como lo es el evangelio. 


En Chile ha habido muchas contradicciones en estos años pasados, pero lo real e importante para que una iglesia sea modelo, es que persista en su testimonio a pesar a veces del deber cumplido, a pesar de los cantos de sirena. Una iglesia que descubre que su misión es la libertad, y liberar al ser humano; liberar a la sociedad de todo pecado, es decir, asumir realmente una función de carácter profético.

En este tiempo se están dando tensiones bastante fuertes a raíz del cambio de discurso de la iglesia católica, que puede llegar en algunos a una especie de batalla de carácter religioso. El otro problema que se está dando es el tema de la participación de los evangélicos en política.


Entonces nos vamos a encontrar con que las dinámicas de crecimiento se van a nutrir nuevamente de estas situaciones de confrontación entre lo que es la expresión católica y lo que son las expresiones evangélicas, con mayor radicalidad en algunos países.


Quisiera mencionar lo que han sido las dinámicas de crecimiento en Chile. La mayor cantidad de crecimiento se produjo en los momentos en que había régimen militar. Esto tiene explicaciones sociológicas también porque los espacios de participación se cierran y de alguna manera las iglesias representan los espacios de protección de personalización, de afirmación de las identidades que se pierden en períodos de esa naturaleza.


Quisiera comentarles lo sucedido en Santiago de Chile. Santiago siempre creció de manera más lenta, desde el punto de vista del crecimiento de los evangélicos, respecto de lo que pasaba en otras regiones. En 1958 teníamos un 4%, en el año 70 un 5.5%; el año 72 6.8%, en el 73 8.0%. Entre el 70 y 73 el dato es interesante porque era el periodo de la Unidad Popular de Salvador Allende. El crecimiento fue poco y una de las explicaciones sociológicas tiene que ver con la movilización social que se producía con la participación de los diferentes grupos de diversos órdenes. Desde el año 73 al 79 se produce también un crecimiento muy pequeño, y que estaba muy marcado por el conflicto que se daba dentro de las iglesias evangélicas en relación con el poder político militar, pero desde el año 82 nos habla de un 10.6% y algunas encuestas hablaban de un 15% de evangélicos. Al año 86, estimamos un 12.2%, y a esta fecha estimamos alrededor de un 16%.
Este fenómeno se daba también dentro de las fuerzas armadas. 


En Chile las fuerzas armadas desde el punto de vista de integración de los evangélicos tiene sus propias eclesiologías; sus propias iglesias en las diferentes ramas. Existe la Misión Evangélica Uniformada, que es el gran paraguas que protege y agrupa a las diferentes iglesias de las fuerzas armadas y del orden. IGEMIL, es la iglesia evangélica militar. IGEPOL, es la iglesia evangélica policial; y también está la iglesia evangélica de la marina, etc. Ellos representan más o menos el 15% del total del contingente de las fuerzas, y sin embargo se repite en ellos el mismo fenómeno de crecimiento numérico que en los sectores populares, es decir, no hay evangélicos a nivel de generales ni a nivel de coroneles. Siempre está en la conscripción, es decir, en aquellos que cumplen las órdenes, en los soldados.


2.2 La separación de la Iglesia y el Estado
La separación de la iglesia del Estado, aparece en Chile nominal y constitucionalmente declarada. No hay religión oficial, y sin embargo, la dinámica histórica indica que la Iglesia Católica sigue siendo la iglesia oficial, y esto es muy concreto en lo que pasa dentro de las Fuerzas Armadas. Es muy claro que ahí es la iglesia castrense la que domina todos los estamentos, y la aparición de las iglesias evangélicas es una aparición muy lateral que no tiene grandes influencias ni incidencias en lo que sucede en el interior del mundo militar.


Los elementos esenciales constitutivos de la libertad de religión, pueden caracterizarse como de tipo social, o de tipo intrapersonal. Sería la libertad religiosa interior lo que podría confundirse con la libertad de conciencia. En el tipo social podemos distinguir a un sujeto activo que ejerce la libertad religiosa en un todo social, o sea lo humano considerado como género. Por otra parte, considerar a un sujeto pasivo combinando el respeto de la libertad religiosa de los otros, constituido por la sociedad humana general exterior al sujeto activo mismo.
La libertad religiosa como un derecho humano; y entendemos por esto a aquellas condiciones de la existencia de los hombres, que solo tienen sentido en la vida social y que le permite la plena utilización y desarrollo de sus posibilidades como tales, junto a la satisfacción de sus necesidades de tipo espiritual.

2.3 Los derechos humanos
Los derechos humanos se basan en la demanda creciente de la humanidad para vivir, una existencia en la que la dignidad inherente a cada hombre recibe respeto y protección, y reconocemos que estos derechos son fundamentales a la naturaleza del hombre. Estimamos entre ellos, el derecho a la religiosidad más allá de la preocupación teórica de jurisconsultos y filósofos, pues es el que tiene expresiones más globales en la vida social cotidiana de los pueblos, el derecho humano a la libertad religiosa desde la perspectiva del Derecho Internacional Público, que integran los llamados derechos civiles y políticos, con la calidad de libertad fundamental.


Este derecho humano fundamental, habita a las más diversas legislaciones nacionales e internacionales, pero es indudable que las normas jurídicas con mayor eficacia para observar su respeto son las de tipo interior a cada Estado. Queremos decir, que la eficacia del derecho internacional se mide en la capacidad que pueda tener su contenido normativo para obligar a las partes al cumplimiento de lo pactado. Pero es en este terreno donde este campo adolece de incapacidades manifiestas que sólo pueden ser salvadas por la buena fe.
Compartimos un esbozo de la situación jurídica de la libertad religiosa, en algunos países del cono sur de América Latina:


Paraguay:
El trabajo de la Convención Constituyente paraguaya concluyó aprobando una nueva constitución política en 1992, la que establece la separación entre la iglesia y el Estado, poniendo fin al oficialismo de la Iglesia Católica, a la exigencia y al requisito de religiosidad para ser presidente de la república, de esta manera se garantiza la pluralidad de cultos de acuerdo al tenor de las exigencias legales respecto al orden, a la moral, etc.


Perú:
La Constitución peruana en vigencia desde el 18 de julio de 1990, garantiza el libre ejercicio de cultos para todas las personas o grupos, siempre y cuando no alteren el orden público ni la moral. Legalmente no existe religión oficial.


Argentina:
En la actualidad no existe separación entre la iglesia y el Estado. La iglesia Católica es religión oficial, y la exigencia de pertenecer a ella se traslada al ciudadano que sea electo presidente de la república. Ambas situaciones serán debatidas en las series de reformas constitucionales que propondrá el presidente Menem en 1993, esperándose sancionar la separación entre la iglesia y el Estado, y eliminar la exigencia de ser católico para ejercer la primera magistratura del Estado. En el actual estado de cosas, el derecho de la libertad religiosa mantiene en eventual riesgo de persecución a todo culto disidente del oficialismo católico.


Chile:
No existe iglesia oficial desde 1925, año de publicación de la Carta Constitucional que separó a la iglesia del Estado. La Constitución del 80 mantuvo el mismo criterio legislativo, pero sin embargo legalmente las iglesias evangélicas y otras minorías religiosas tienen vida jurídica en condiciones muy desmedradas, si se las compara con el estatuto legal de la iglesia católica.


El gobierno del presidente Patricio Elwin ordeno la preparación de un anteproyecto de ley dirigido a resolver positivamente la situación de desmedro legal de las iglesias evangélicas.


En Chile existen las iglesias como corporaciones de derecho privado. El presidente de la república, después de un largo trámite de un año, dicta un decreto en el que dice: “le reconozco personalidad jurídica”; y le dan un número. Pero eso es tolerancia religiosa, porque la legislación chilena puede cancelar en la persona del presidente y de manera arbitraria la personería jurídica, sin recurso alguno que puede interponerse ante los tribunales existentes, quedando de esa manera, sin expresión. En cambio al construir la existencia legal de las iglesias por vía ley, se le da un criterio razonable de realidad a lo que llamamos separación entre la Iglesia y el Estado; ya es por ley, ya no se le otorga, se reconoce la existencia legal de las iglesias y se solucionan una serie de problemas de orden práctico que tienen que ver con dar prebendas especiales a las iglesias evangélicas, sino que con reconocer la tarea importante de ellas realizan en la sociedad chilena, otorgarles los derechos que faciliten la tarea de expresión de tipo de libertad.

Uruguay:
Es un país de antigua expresión libertaria en materia religiosa. El texto constitucional vigente del 1 de marzo del 67; en el capítulo 3, artículo 5, estipula que todos los cultos religiosos son libres en el Uruguay agregando que el Estado no participa de religión alguna. La separación entre la Iglesia y el Estado es de comienzo de siglo, garantizando a la Iglesia Católica el dominio de todos los templos construidos en su oportunidad con fondos del Estado nacional, es decir, como “perdonándole las deudas”, les perdonaron las deudas pero quedan en propiedad de esos bienes.


Constitucionalmente se garantizan todos los cultos. La exención de impuestos para lugares y actividades propias de los mismos.


Bolivia:
Hay un conflicto. El vicepresidente de la república afirmó recientemente que en Bolivia existe libertad religiosa; sin embargo, el tema mismo es campo de contradicciones. El propio arzobispo de la Paz Monseñor Luis Sanz asume el término “sectas” en sentido peyorativo para referirse a todo grupo religioso no católico y pide luego la intervención del gobierno en el control de los cultos aduciendo que las sectas obedecen a un crecimiento desordenado, desmesurado e inorgánico que el gobierno debe solucionar.


Finalmente debemos asumir el tema “sectas religiosas” en una perspectiva sociológica y sacar definitivamente el término de los peyorativismos, que es el sentido que en el nuevo lenguaje Vaticano los está estudiando. Hay que definir las sectas como “grupos minoritarios, exclusivos, excluyentes, que sostienen ser los únicos poseedores de la verdad y de la salvación, y de los caminos para alcanzar tal verdad y tal salvación.”


Reacciones y propuestas a la ponencia del Dr. José Humberto Lagos S. Entendemos que un discípulo en el contexto latinoamericano, debe ser:
  1. De una auténtica identidad (Cristo en él).
  2. Portador de sabiduría (capacidad de hacer juicios concretos desde la ética de Dios.
  3. Con capacidad de amar (amor al enemigo).
Acerca de la función profética de la iglesia:
Es necesario que la iglesia denuncie con voz profética arraigados en nuestra realidad. Debemos cumplir un rol en la sociedad identificarnos en la comunidad donde vivimos:
  1. El testimonio como actividad plena
  2. El rol de la iglesia.
  3. La participación política.
La teología profética, es la teología de la calle. En el A.T. las personas eran escogidas por Dios para demandar cambios éticos, en el pueblo y en los gobernantes, y aún en los falsos pastores.


¿Cómo puede denunciar la iglesia? 1. Promoviendo la dignidad humana
2. Orientando al Estado sobre asuntos ético
3. Denunciando lo que afecta a la justicia
4. Proponiendo alternativas (soluciones).
5. Comprometiéndose

La iglesia debe estar para transformar la sociedad. Debe ser la promotora de una vida digna, de las libertades humanas, y de sistemas que encarnen estos conceptos.


La iglesia no debe adaptarse ni tolerar situaciones enfermizas, denunciar –como fue dicho- presentando alternativas.


Afirmamos:
  1. Que la libertad religiosa es el derecho humano fundamental.
  2. Que el crecimiento numérico, nos exige pensar: ¿Qué haremos a partir de ahora? No sólo debemos quedarnos con el crecimiento sino impactar con nuestros hechos, en todos los sectores de nuestra sociedad, con una vida transformada con el poder de Dios.
  3. Que es necesario que al igual que los profetas, seamos buenos lectores de la realidad social de nuestro tiempo, a la vez que buenos oidores de Dios.
  4. Que la ausencia de materias vinculadas a las ciencias sociales en los curriculums, nos desconecta y limita en nuestra influencia en las conductas sociales, y un total distanciamiento de los cambios producidos en nuestra sociedad. Esto dificulta la inserción del estudiante y del nuevo pastor en la congregación.
  5. Que es necesario conocer la metodología de trabajo de las sectas, y no solo contar con información sobre ellas.
  6. Que es imprescindible plantear la elaboración de un proyecto de investigación sociológico científico en cuanto a las sectas, con el objeto de servir de enseñanza dentro de nuestras instituciones teológicas. Esto nos ayudaría a descubrir los mecanismos de acción o de funcionamiento.
Encuentro y Diálogo N° 10 Año 1993 

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Ceblicar

Lo decisivo 

20 de noviembre 2011
Fiesta de Cristo Rey (A)

Mateo 25, 31-46
El relato no es propiamente una parábola sino una evocación del juicio final de todos los pueblos. Toda la escena se concentra en un diálogo largo entre el Juez que no es otro que Jesús resucitado y dos grupos de personas: los que han aliviado el sufrimiento de los más necesitados y los que han vivido negándoles su ayuda. A lo largo de los siglos los cristianos han visto en este diálogo fascinante "la mejor recapitulación del Evangelio", "el elogio absoluto del amor solidario" o "la advertencia más grave a quienes viven refugiados falsamente en la religión". Vamos a señalar las afirmaciones básicas.

Todos los hombres y mujeres sin excepción serán juzgados por el mismo criterio. Lo que da un valor imperecedero a la vida no es la condición social, el talento personal o el éxito logrado a lo largo de los años. Lo decisivo es el amor práctico y solidario a los necesitados de ayuda.

Este amor se traduce en hechos muy concretos. Por ejemplo, «dar de comer», «dar de beber», «acoger al inmigrante», «vestir al desnudo», «visitar al enfermo o encarcelado». Lo decisivo ante Dios no son las acciones religiosas, sino estos gestos humanos de ayuda a los necesitados. Pueden brotar de una persona creyente o del corazón de un agnóstico que piensa en los que sufren.
El grupo de los que han ayudado a los necesitados que han ido encontrando en su camino, no lo han hecho por motivos religiosos. No han pensado en Dios ni en Jesucristo. Sencillamente han buscado aliviar un poco el sufrimiento que hay en el mundo. Ahora, invitados por Jesús, entran en el reino de Dios como "benditos del Padre".

¿Por qué es tan decisivo ayudar a los necesitados y tan condenable negarles la ayuda? Porque, según revela el Juez, lo que se hace o se deja de hacer a ellos, se le está haciendo o dejando de hacer al mismo Dios encarnado en Cristo. Cuando abandonamos a un necesitado, estamos abandonando a Dios. Cuando aliviamos su sufrimiento, lo estamos haciendo con Dios.

Este sorprendente mensaje nos pone a todos mirando a los que sufren. No hay religión verdadera, no hay política progresista, no hay proclamación responsable de los derechos humanos si nos es defendiendo a los más necesitados, aliviando su sufrimiento y restaurando su dignidad.
En cada persona que sufre Jesús sale a nuestro encuentro, nos mira, nos interroga y nos suplica. Nada nos acerca más a él que aprender a mirar detenidamente el rostro de los que sufren con compasión. En ningún lugar podremos reconocer con más verdad el rostro de Jesús.

José Antonio Pagola

Pastoral: ¿Habrá alguien que necesite tus lágrimas?

El texto de hoy nos habla de una serie de deberes o compromisos que como seguidores de Cristo deberíamos cumplir, la invitación es a evaluar nuestras acciones, pensamientos y seguimientos con el fin de confrontar en lo íntimo aquellas áreas en la que Dios debe aún trabajar, para esforzarnos y ser valientes como se nos dice en la Palabra, seguros de ser recompensados en lo público si crecemos y oramos en lo secreto.

Saludos y bendiciones

José Luis

¿Habrá alguien que necesite tus lágrimas? 

Romanos 12:9-15
“El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.”


En este pasaje, el apóstol Pablo menciona una lista de deberes que todo cristiano debía tratar de cumplir. Nos habla de amarnos unos a los otros con amor fraternal, sin fingimiento. Nos exhorta a ser constantes en la oración, a ser fervientes en espíritu, a servir al Señor, a bendecir a los que nos persiguen; a gozarnos con los que se gozan y a llorar con los que lloran. ¡Qué maravilloso sería que pudiésemos cumplir a cabalidad todos estos deberes! Nuestro testimonio ante el mundo que nos rodea sería verdaderamente impactante y el nombre de nuestro Padre celestial sería glorificado donde quiera que estuviésemos. Lamentablemente nuestra naturaleza carnal nos impulsa a hacer lo contrario, pero debemos hacer el esfuerzo, y con la ayuda del Espíritu Santo lo podemos lograr.

Hay ocasiones en que tenemos la oportunidad de confortar a alguien, ya sea un familiar, o una amistad o un hermano de la iglesia, que está pasando por una situación dolorosa. Por regla general intentamos consolarlo con palabras de aliento, tratando de levantar su ánimo. Sin embargo, el pasaje de hoy dice simplemente: “llorad con los que lloran.” Realmente, en muchos casos, una de las maneras más efectivas en la que podemos ayudar a aquellos que están sufriendo es “llorando con ellos”. Jesús nos dio el ejemplo cuando visitó a María y a Marta después de la muerte de Lázaro. Sintiendo el dolor de ambas hermanas y de los amigos que las acompañaban, el Señor compartió sus lágrimas con ellos. Dice Juan 11:33-36:“Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. Jesús lloró. Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba.”

Una pequeña historia nos cuenta acerca de un niño que tenía un gran corazón. Al lado de su casa vivía un señor mayor cuya esposa había muerto hacía poco tiempo. Un día, el anciano lloraba sentado en el portal de su casa. El niño lo vio y se acercó a él, se subió a sus piernas y se quedó allí sentado en silencio por largo rato. Más tarde, su mamá le preguntó qué le había dicho al señor. “Nada – contestó el niño – solamente lo ayudé a llorar.” A veces esto es lo mejor que podemos hacer por aquellos que están pasando por una profunda tristeza. A menudo, nuestros intentos de decir algo sabio y útil causan más bien el efecto contrario. Muchas veces transmitimos mucho más apoyo y comprensión si simplemente les damos un abrazo o nos sentarnos a su lado, los tomamos de la mano y lloramos con ellos. 

Jesús enseñó que son “bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.” (Mateo 5:4). Sé tú un instrumento del Señor consolando a los que lloran, compartiendo tus lágrimas con ellos, mientras en silencio oras pidiendo que la paz de Dios se manifieste en sus corazones.

ORACION:
Padre santo, te ruego pongas compasión y misericordia en mi corazón, para poder ser un instrumento de amor y consolación en tus manos compartiendo mis lágrimas con aquellos que están pasando por un período de dolor y sufrimiento. En el nombre de Jesús te lo pido, Amén.


jueves, 3 de noviembre de 2011

Norberto Saracco

LA EDUCACIÓN TEOLÓGICA EN EL SIGLO XXI
NUEVAS RESPUESTAS PARA NUEVOS DESAFÍOS
UNA VISIÓN DESDE AMÉRICA LATINA
(Manila, 15 de septiembre de 2005)
Dr. J. Norberto SARACCO 
Hace unos años visitó Buenos Aires un destacado teólogo europeo invitado para dar una serie de conferencias.  Era una ocasión única para encontrarnos cara a cara y escuchar a uno de los más destacados pensadores contemporáneos.  Decidí aprovechar la oportunidad y también compartir la bendición con mis colegas de ministerio en la iglesia donde soy pastor.  Así fue que asistí con un miembro de mi equipo pastoral.  No puedo negar la emoción que sentía de poder llevar a uno de mis discípulos en el ministerio a participar de un acontecimiento tan especial.  La conferencia fue brillante.  Al salir del auditorio decidí invitar a mi amigo a tomar un café para que pudiéramos conversar sobre la experiencia que acabábamos de vivir.  Nos sentamos en la cafetería y me dispuse a escuchar lo que este joven aspirante a pastor había aprendido. Me miró casi con vergüenza y suavemente preguntó: Pastor ¿Para qué sirve esto?
No dudo que cualquiera de nosotros, profesionales de la teología, podríamos gastar varias horas explicando a mi colega las bondades y utilidad del discurso que habíamos escuchado.  Pero, lo cierto es que para él “no le servía”. Podemos argumentar, y con razón, que su pensamiento era simple y lineal. Que, de alguna manera, era utilitario, centrado en sus necesidades ministeriales inmediatas. Es cierto, pero también es cierto que “no le servia”.

Hemos venido a este lugar desde todos los rincones del mundo. Provenimos de distintas culturas, pertenecemos a  diferentes familias confesionales y seguro asumimos diversas posturas teológicas.  Sin embargo estoy seguro que compartimos dos sentimientos muy fuertes.  Uno de frustración, porque vemos que la educación teológica está cada vez más alejada de la realidad que viven las iglesias.  La tradicional desconfianza entre la iglesia y la educación teológica se ha profundizado. Gran parte de las iglesias de hoy no tienen inconvenientes en ordenar al pastorado a candidatos sin ninguna educación teológica formal. El resultado es que hay millones de pastores que ejercitan su ministerio sin haber pasado por las aulas de un seminario. Por otro lado, también nos convoca un sentimiento de esperanza, porque cada vez son más los que desde las iglesias y desde las instituciones de educación teológica tratan de cerrar esta brecha.  

El planteo del problema no es nuevo.  Desde los años 70’ se viene hablando del asunto en cuanta reunión de educadores teológicos hay. Lo que sí es nuevo es que todos sabemos que no puede pasar más tiempo sin que se resuelva este dilema. La antigua pregunta: ¿Qué tiene que ver Atenas con Jerusalén?, hoy la cambiamos por: ¿Qué tiene que ver la educación teológica con la iglesia?

IGLESIA Y SOCIEDAD EN AMÉRICA LATINA HOY
Conocemos la anécdota de aquella persona que al pasar por la puerta de una iglesia vio un gran cartel que decía: “Jesucristo es la respuesta”.  Movido por su curiosidad entró al templo y tímidamente le dijo al portero: disculpe ¿Cuál es la pregunta?  Muchas veces desde las instituciones teológicas tratamos de ofrecer respuestas a preguntas que la iglesia no hace.  Ofrecemos un producto terminado, los graduados de nuestros seminarios, para una iglesia que no existe.
En los últimos 25 años, la sociedad y las iglesias evangélicas latinoamericanas han cambiado profundamente.  Sin entrar en un análisis a fondo de este fenómeno, pues no es el tema de esta presentación, solo quiero señalar algunos factores a tomar en cuenta.
LA SOCIEDAD CAMBIÓ
El proceso de migración del campo a la ciudad, urbanización, ha avanzado al punto tal de que más del 75% de la población latinoamericana vive hoy en grandes ciudades.  Los cambios en las estructuras económicas y la centralización de los servicios y recursos en las ciudades (hospitales, escuelas, universidades, fábricas, etc.) han empujado a millones de personas hacia los centros urbanos.  En Argentina, por ejemplo, de un total de treinta y siete millones de habitantes, catorce millones de ellos viven en un radio de 60 Km. Se cumple aquello de que “Dios está en todas partes pero atiende en la ciudad”.  El problema no es una mera cuestión demográfica. Esta realidad afecta las relaciones laborales, la estructura familiar, el hábitat y la manera de ser iglesia.  

La pobreza y la desigualdad social también han crecido. La alianza entre gobiernos corruptos y políticas neoliberales ha aumentado la brecha entre los que más tienen y los que menos tienen. Las consecuencias son el aumento de la criminalidad, el hacinamiento poblacional y las migraciones masivas, ya sean dentro de América Latina como hacia EE.UU. y Europa.
Al igual que en el resto del mundo las formas de las familias y sus valores se han modificado.  Más del 35% de los matrimonios termina en divorcio y la cantidad de hijos criados por uno solo de sus padres ha aumentado el 300%  en los últimos veinte años. Es interesante destacar cierta contradicción paradójica: mientras las parejas heterosexuales se divorcian y abortan, los homosexuales se quieren casar y tener hijos.
América Latina es parte también del mundo globalizado y podemos ver entonces que conviven la pobreza más extrema junto a las más grandes manifestaciones de riqueza; el analfabetismo junto a la última tecnología; personas de la calle con teléfono celular.  
Las estructuras sociales han cambiado; las relaciones económicas han cambiado; los modelos familiares han cambiado; los valores morales han cambiado.  ¿Ha cambiado la educación teológica?
LA IGLESIA CAMBIÓ
Es en el contexto que brevemente acabamos de describir donde la iglesia evangélica latinoamericana ha crecido significativamente en las dos últimas décadas y ha construido su nueva identidad.  

El cristianismo llegó a América de la mano de los colonizadores católicos españoles en el año 1492.  Durante cinco siglos la religiosidad católica dominó toda la sociedad y cultura latinoamericana.  Entre otras cosas sus características han sido los estrechos lazos entre la iglesia y el Estado, una religiosidad popular llena de sincretismo,  la mariología como la cara más visible de la fe cristiana, y una cristología centrada en la cruz antes que en la resurrección.  Desde una perspectiva de la sociología de la religión podríamos decir que América latina es un continente cristiano.  Así fue considerado  durante cuatro siglos tanto por los católicos como por los primeros misioneros protestantes.  No coincidían con esta perspectiva los grupos más “evangélicos” del protestantismo, y finalmente la propia iglesia Católica tuvo que admitir que debajo de una apariencia de cristiandad sobrevivían costumbres, estilos de vida y creencias que nada tenían que ver con el cristianismo. Hoy se habla de la “nueva evangelización”.

Tenemos que reconocer que fue el Pentecostalismo el movimiento que tuvo la convicción y la fuerza para quebrar la inercia de la religiosidad católica, dándole una nueva cara al cristianismo latinoamericano. Hoy el porcentaje de evangélicos en América Latina  va desde un 5% en países como Uruguay, a más del 50% en Guatemala.  De todos ellos más del 75% son pentecostales o pertenecen a iglesias de características pentecostales.  

El protestantismo clásico llegó a las elites pero no fue capaz de alcanzar a las grandes masas. Arribó al continente latinoamericano de la mano de las ideas liberales del siglo XIX y apeló a una aceptación racional de la fe.  De esta manera quienes se convertían lo hacían por haber llegado a la conclusión de que no hay otro mediador (santo, virgen) entre Dios y los hombres; o que el Papa no es infalible; o que la Biblia es la Palabra de Dios y la única regla de fe. La tarea de evangelización y proclamación tenían un contenido apologético y requerían, por lo tanto, de predicadores que contaran con una formación teológica de acuerdo a estas exigencias. En esas circunstancias las escuelas teológicas eran apreciadas por la calidad de sus profesores y porque cumplían el papel de transmisoras del conocimiento filosófico y teológico que los pastores y evangelistas necesitaban.  Como herederas de la reforma las iglesias protestantes se caracterizaban por la calidad de sus púlpitos. En aquel tiempo, fines del siglo XIX y primera mitad del siglo XX, varios pastores y teólogos escribían en los diarios más importantes de la época y eran reconocidos fuera de las fronteras de la iglesia por su elocuencia y capacidad de pensamiento.

Los seminarios eran, entonces, indispensables para el ministerio y misión de la iglesia. Es cierto que las iglesias no reunían multitudes y que la población evangélica no llegaba al 1% de los habitantes, pero también es cierto que esta pequeña minoría contaba con prestigio social y aceptación. Tanto las iglesias como las organizaciones cristianas requerían para su liderazgo personas preparadas.
A partir de los años 50’ la consolidación de las iglesias de trasfondo evangélico, con un fuerte énfasis en la evangelización, y el crecimiento del pentecostalismo permitieron que el evangelio llegara a las capas medias y baja de la población.  En este caso, tanto quienes recibían el mensaje, personas con baja o ninguna educación, y quienes compartían este mensaje, misioneros formados en escuelas bíblicas de EE.UU. con una preparación elemental, hicieron que la importancia de la educación teológica  como esencial para el ministerio no fuera tenida en cuenta.  Comenzó así un camino en el que los seminarios y la iglesia cada vez han estado más lejos.  Las instituciones teológicas poco a poco dejaron de ser un instrumento para la misión de la iglesia y las iglesias sintieron que ya no las necesitaban para su labor.
SEMINARIOS E IGLESIAS: VIDAS PARALELAS
LOS SEMINARIOS

Una de las primeras consecuencias de este divorcio entre iglesia y educación teológica fue que ambas se encerraron en sí mismas, trataron de sobrevivir la una sin la otra y buscaron argumentos para justificar este camino de vidas paralelas.
Los institutos bíblicos y seminarios intentaron iniciar a partir de los años 70’ un proceso de “nacionalización” y superación académica.  Con “nacionalización” queremos decir ese proceso por el cual las instituciones teológicas pretendieron tomar decisiones académicas y administrativas que respondieran más a su contexto y realidad eclesial antes que a la estructura misionera de la que dependían.  En la mayoría de los casos no es mucho lo que se hizo.  Por un lado, la fuerte dependencia económica puso límites a esas intenciones. Por otro, las estructuras de gobierno de la iglesia nacional no estaban dispuestas a ceder poder de decisión.  Quizás las que más avanzaron en esto fueron las instituciones ecuménicas aunque, también, muy dependientes de recursos e ideología extranjera.
Los seminarios trataron de contar con un cuerpo docente cada vez más autóctono y mejor preparado.  Muchos de ellos fueron enviados a obtener sus postgrados en seminarios y universidades del extranjero. El nivel académico se elevó.  Pero, paradójicamente, la distancia con la iglesia fue mayor.  Se puso como parámetro a lograr el modelo de los centros de estudios europeos o norteamericanos y el objetivo fue la formación de teólogos al estilo de esas instituciones. Es suficiente ver los requisitos de acreditación de algunas agencias latinoamericanas para entender la profunda brecha entre el graduado que la iglesia pretende y lo que la institución teológica quiere lograr.  La iglesia envía a sus candidatos para que sean pastores o líderes de ministerios y el seminario intenta devolvérselos teólogos.
El modelo especialmente europeo de teólogos/pastores fracasó.  Si ese tipo de ministerio dio como resultado la muerte de la iglesia en Europa ¿Por qué querer imponerlo en el contexto de una iglesia viva y dinámica como la de América latina? El ministerio del teólogo y el del pastor son diferentes.  No es correcto querer ponerlos como una unidad a la manera que sugiere el texto de Efesios 4:11 “pastores maestros”.  No negamos que pueda darse el caso de que ambos ministerios coincidan en una persona, pero no siempre es así.  En el presente de la iglesia de América Latina, casi nunca es así.

Debido a que las instituciones teológicas continúan sin entender este problema tratan de suplir las necesidades creando programas “ministeriales”.  Estas, en la práctica,  son alternativas de segunda categoría que solo sirven para aliviar las conciencias. Por un lado, la conciencia de los seminarios, mostrando una cara de preocupación por los ministerios en la iglesia.  Por otro lado, la conciencia de los que estudian, porque pueden exhibir un título que aunque no es de valor pleno en el mundo académico a ellos les sirve para cumplir con las formalidades.  

La solución no es formar pastores y líderes ministeriales sin herramientas ni contenidos teológicos. El ministerio pastoral no puede quedar en manos de tecnócratas de la fe.
El intento de producción de teólogos profesionales, tal como aparece en los programas de los seminarios, también ha fracasado en el logro de sus objetivos.  Hoy tenemos mucha menos reflexión teológica desde América Latina que hace veinte años atrás, aunque, por un simple cálculo matemático sabemos que contamos con más graduados que entonces.
¿Qué ha pasado? En primer lugar, el factor económico, algo que los profesionales del pensamiento abstracto no suelen tomar muy en cuenta, ha jugado un papel importante en esta situación.  Para ponerlo en términos económicos, debemos decir que los graduados de los seminarios no hallan un mercado laboral.  Al no poder insertarse en un ministerio rentado en la iglesia, el espacio para “vivir de la teología” es muy reducido.  Ante esta realidad una gran mayoría desarrolla una segunda vocación, de la cual pueda vivir, y relega su vocación teológica al nivel de un pasatiempo eclesiástico.  La minoría restante emigra, prioritariamente a EE.UU., donde encuentra espacio para el ejercicio rentado de su ministerio. El hecho es que en las últimas décadas casi no ha habido producción teológica desde América Latina ni contamos con un pensamiento teológico latinoamericano contemporáneo.  Es paradójico que una de las áreas más débiles es la de los estudios de la Biblia.  Los pastores hoy estudian Biblia a través de autores católicos.

En segundo lugar, a diferencia de décadas anteriores, muchos de los candidatos que hoy llegan a los seminarios comparten una segunda vocación, demoran sus estudios y es poca la cantidad y calidad de tiempo que dedican a la reflexión teológica.  Como alguien dijo una vez, los seminarios enseñan las cosas equivocadas a la gente equivocada.
No queremos decir que no haya espacio para la formación de teólogos “profesionales”.  Al contrario, afirmamos que como nunca antes se necesita esta clase de ministerio. El error estratégico de las instituciones teológicas es desperdiciar recursos humanos y materiales creyendo que quien entra a un seminario es de por si un teólogo en potencia.  Si esa no es la vocación del candidato tratará de convencerlo de cualquier manera.  El mensaje implícito para el estudiante es: “si tu eres una persona inteligente y capaz dedícate a la teología y olvídate del ministerio pastoral.  Si insistes con tu propósito podemos darte un título menor para que tu tiempo aquí no sea un tiempo perdido”.  
En el mundo secular sería impensable una situación de este tipo.  Es como si alguien fuera a la universidad a estudiar medicina y se graduara de economista.

Con estas actitudes la brecha entre la iglesia y los seminarios es cada vez más grande.
El desafío, como veremos más adelante, es tener una formación ministerial que sea teológicamente sólida, ministerialmente útil y contextualmente relevante.
LAS IGLESIAS
Poner en las instituciones teológicas todo el peso del divorcio con la iglesia sería injusto e incorrecto.
Las iglesias intencionalmente han buscado alejarse de los seminarios por el riesgo que significa un espacio con cierto grado de libertad para ver y pensar desde una perspectiva distinta.  La conocida frase repetida mil veces desde los púlpitos: “aquí no hacemos teología”, no ha sido más que un intento perverso para justificar cualquier ideología o creencia que se ha querido imponer sobre la congregación sin aceptar objeciones. El obispo Edir Macedo, fundador y presidente de la Iglesia Universal del Reino de Dios dijo en una publicación sobre la “liberación de la teología”: “Los dogmas establecidos a partir de la teología anulan la espontaneidad de la fe impidiendo su manifestación milagrosa”.
En la base del problema está una visión pragmática de la iglesia que mide el éxito ministerial por el tamaño de la congregación.  El criterio de verdad y fidelidad se mide con parámetros que no son los que enseñan las Escrituras. Cuanto más éxito alguien tiene en el ministerio, según esta manera de medir, tanto más tratará de impedir cualquier reflexión teológica. 
También debemos aceptar el hecho de que en este tiempo las iglesias son invadidas por una ideología de “liderazgo de éxito” que pretende transformar a los pastores en gerentes.  La predicación del evangelio se reduce a técnicas de mercadeo en las que, por supuesto, el pensamiento teológico no tiene cabida.  En una investigación sobre las iglesias,  realizada en la ciudad de Buenos Aires en 1993, uno de los datos mostró que en las tres iglesias más grande de la ciudad sus pastores no tenían ninguna preparación teológica.
  La conclusión sería: “Si quiere que su iglesia crezca no vaya al seminario”.  

En realidad, lo que estamos viviendo es una degradación del oficio pastoral.  Se han reducido los niveles de calidad del ministerio. La consecuencia más directa es el analfabetismo bíblico de los evangélicos contemporáneos y una fe vacía de contenido.
Es interesante observar algunos modelos de iglesias celulares.  En América Latina el más popular es el denominado G12 (Grupo de los 12).  En la práctica es un modelo de crecimiento de la iglesia basado en el desafío de que cada creyente logre tener doce discípulos y que a la vez cada uno de ellos alcance la misma meta.  Es un proceso muy rígido y estructurado. Toda la preparación del liderazgo se limita al hecho de dotar a la persona con la visión y estrategia para la multiplicación. El creador de este sistema, el pastor César Castellano, argumenta que los sistemas de enseñanza de los seminarios no contribuyen a la visión de multiplicación y además son lentos en la formación de líderes. La solución propuesta es enseñar unos conceptos básicos con el fin de tener en nueves meses los líderes formados.  No hay en el sistema ningún espacio para la reflexión teológica ni el estudio profundo de la Palabra de Dios.  El resultado ha sido que cientos de iglesias que han tratado de adoptar este modelo en América Latina han cerrado sus programas de educación teológica.  Se está levantando una generación de líderes instantáneos, ignorantes de las cuestiones teológicas fundamentales y sin herramientas para discernir lo verdadero de lo falso.

El entusiasmo del crecimiento de la iglesia en América Latina y su creciente presencia en todos los ámbitos de la sociedad ha servido para tapar “multitud de pecados”.  Pero, estamos entrando a un tiempo nuevo.  El ritmo de crecimiento ya no es el mismo, el testimonio de la iglesia evangélica se ha debilitado y los pastores están desprestigiados frente a la sociedad.  Hoy muchos preguntan ¿Por qué si la iglesia creció la sociedad no fue afectada?  Junto al crecimiento de la iglesia evangélica también crecieron la violencia, el alcoholismo, la corrupción, etc. Es decir, por alguna razón el mensaje del evangelio no ha trastornado al mundo y esto no es por debilidad del evangelio. Creemos que este principio de crisis servirá, entre otras cosas,  para que la iglesia revise su estrategia de preparación ministerial. La iglesia del siglo XXI deberá pensar seriamente qué clase de ministerio va a formar para que la sociedad sea transformada por el poder del evangelio.  Es imprescindible entrar en una etapa de revalorización del ministerio pastoral y del sacerdocio de todos los creyentes.  Esto exige una apertura al funcionamiento de todos los dones y ministerios y a la preparación no solo de los pastores, según el modelo tradicional, sino de todos aquellos llamados a servir.

Una vez más la misión será el punto de encuentro entre las iglesias y la educación teológica.
EDUCACIÓN TEOLÓGICA Y MISIÓN: LA MISIÓN DE LA EDUCACIÓN TEOLÓGICA
En una consulta celebrada  por la Fraternidad Teológica Latinoamericana en Quito, Ecuador (1985), los participantes llegaron a la conclusión de que “la educación teológica es la capacitación del pueblo de Dios para el servicio del Reino”.
Esta definición introduce dos elementos esenciales: “pueblo de Dios” y “servicio del Reino”.  Según esta definición, que compartimos, la educación teológica no debería limitarse a la preparación de pastores, teólogos o lo que podríamos llamar “profesionales del oficio religioso”.  A partir de la concepción del sacerdocio universal de los creyentes,  la educación teológica debería ser un instrumento para perfeccionar a los santos para la obra del ministerio.  Por supuesto que no dejamos de reconocer que hay ministerios que por su función y complejidad requieren de una formación más profunda y completa.  Sin embargo el valor de esta definición es que pone en claro a quien debemos educar, “el pueblo de Dios” y para qué, “el servicio del Reino”.  De una u otra manera esta definición es aceptada por cualquier institución teológica pero, en la práctica, al observar los programas de estudios, los requisitos de admisión y el producto final que se espera formar, vemos que la educación teológica contemporánea ha perdido su sentido de misión.  Éste no puede ser otro que ser un instrumento para la missio Dei.  

Al analizar la situación  podemos trazar una perspectiva histórica y observar cómo las escuelas de ministerios han ido cerrando su horizonte.
  Quizás el antecedente más lejano sean las escuelas de profetas que ya aparecen en el A.T.. Los profetas, a diferencia de los sacerdotes,  representaban la dimensión carismática, “no controlable” del ministerio. El sacerdote estaba para preservar la estructura, era guardián del orden establecido. Se pertenecía al sacerdocio por una cuestión de casta y su función era asegurarse de que todo siga igual.  Todo lo que un sacerdote podía aprender era seguir haciendo lo que siempre se hizo.  El caso de los profetas era diferente. La pertenencia al profetismo no era por casta sino por vocación. Las escuelas de profetas eran formadoras de vidas a través del discipulado cotidiano. Era una formación para la misión.  De alguna manera las comunidades del desierto cumplieron una función similar.  Aunque mucho más complejas que las escuelas de profetas, estudiaban los escritos sagrados, practicaban un discipulado integral (holistic) y estaba formadas alrededor de un concepto de misión.

En el caso de Jesús y sus discípulos la formación ministerial de éstos se llevaba a cabo en el camino. Las discusiones éticas y teológicas se hacían en el marco de la misión y para la misión. El “programa de estudio” del seminario de Jesús lo imponía la situación. El significado del perdón, la llegada del tiempo mesiánico, la vida eterna, el amor de Dios y tantos otros temas surgían del diálogo cotidiano con la realidad. Jesús puso en claro su objetivo pedagógico desde el primer momento de su ministerio: “os haré pescadores de hombres” (Mt 4:19).
A medida que la iglesia se formaba surgían nuevos temas y desafíos. La incorporación de los gentiles en el plan de salvación, la confrontación de la fe cristiana con otras culturas y religiones, o el enunciado de las doctrinas básicas de la fe cristiana.  Pablo da testimonio de haber gastado tres años después de su conversión en Arabia (Gálatas 1:17-18) rehaciendo su teología judaica a la luz de la nueva fe. Años después él establecerá un centro de formación teológico  misionera en Éfeso (Hch. 19:9-10).  Allí se formaron entre otros Timoteo, Tito y Epafras.  En esta escuela posiblemente se copilaron las primeras producciones teológicas, en especial el “corpus paulino” y sus graduados fueron plantadores de iglesias.  El denominador común de estas experiencias de formación teológica y ministerial era su sentido de misión. 
En los primeros siglos de la iglesia su contacto con el mundo helénico la obligó a entrar en diálogo con la cultura y la filosofía de la época. Los padres de la iglesia, los apologistas y los primeros teólogos, desarrollaron sus pensamientos y entrenaron a sus discípulos con una visión misionera.  Ya sean las escuelas teológicas en Alejandría o en Antioquia de Siria su propósito central era hacer comprensible y aceptable el mensaje del evangelio. La necesidad de elaborar una teología comprensible y aceptable dentro del mundo de pensamiento helénico trajo la necesidad de usar a la filosofía como vehículo y sustento del pensamiento. De esta manera fue naciendo dentro de la iglesia un ministerio especializado, el de los teólogos o doctores de la fe. Sin embargo aunque la reflexión teológica pertenecía a un mundo reducido de personas estas escuelas preservaban la visión misionera.  No era teología por la teología, sino teología para la misión. 

En el período medieval el monopolio de los textos sagrados, la liturgia y los sacramentos quedó en manos del clero.  Cuando irrumpe la reforma protestante se propone romper este monopolio llamando a todos a un sacerdocio universal e impulsando la causa de la educación.  La Academia de Ginebra fundada y apoyada por Calvino (1559) fue responsable por la formación teológica y ministerial de cientos de pastores y misioneros. El objetivo era entrenar líderes para la iglesia y para el gobierno civil.  Antonio Barro describe la visión de Calvino de la siguiente manera:
“Con el fin de cumplir con su propósito, Calvino impuso una disciplina académica rigurosa. Los estudiantes recibían una formación humanista bien amplia, con énfasis en lenguas y en una comunicación escrita y verbal efectiva. La idea de Calvino era que una vez bien entrenados, los estudiantes podrían volver a sus países y extender el evangelio como misioneros.  En este sentido, la intención era hace de Ginebra un centro misionero para extender la Reforma y sus enseñanzas por Europa y el resto del mundo”.

En las iglesias protestantes fue creciendo el énfasis en lo académico, dando origen a las “Facultades de Teología”. Con el tiempo estas “Facultades” se consolidaron.  Paralelamente aparece otro modelo de educación teológica que toma las características de los seminarios católicos creados en tiempos de la contra-reforma. Nacen así los seminarios y luego las escuelas bíblicas.  Estos dos últimos más interesados en la formación personal y ministerial de los estudiantes que en la académica.

Sin embargo, los tres modelos: Facultad de Teología, Seminario y Escuela Bíblica, aunque nacieron en circunstancias y contextos diferentes poco a poco fueron focalizando su visión en los aspectos meramente académicos a costa de lo ministerial y misionero.  Quizás empujados por la inercia del “mundo académico” o la presión racionalista de la modernidad, los esfuerzos  se han centrado en alcanzar los altos niveles de acreditación.

Mientras esto ocurre la iglesia percibe que la institución teológica tiene su propia agenda, discute temas que solo a ella le interesa y ve la misión y los ministerios como una carga de segunda categoría dentro del programa de estudios.

En América Latina los seminarios están soportando la presión de parte de los estudiantes para contar con carreras acreditadas oficialmente por los gobiernos.  En un sentido es positivo que al graduarse el estudiante cuente con un título que lo habilite para desempeñar otras funciones en la sociedad.  La otra cara de esta verdad es que los programas de estudio deben cubrir los parámetros que determina el Estado, limitando mucho los contenidos que la iglesia quiera poner y la “flexibilidad” del programa.

Observamos la falta de un diálogo sincero entre iglesias y seminarios en búsqueda de una estrategia que les permita caminar juntos y enriquecerse de la contribución, recursos y experiencias de cada uno.
Para esto es imprescindible que las instituciones teológicas redefinan su visión y misión a partir de la nueva realidad de la iglesia latinoamericana y de la inserción de ésta en medio de un mundo globalizado.

De no ser así, dentro del modelo actual de seminarios, será cada vez más difícil introducir cambios y es probable que a mediano plazo esto aleje aún más a las iglesias.

CERRANDO LA BRECHA
FORMACIÓN MINISTERIAL TEOLÓGICAMENTE SÓLIDA
 Al insistir en esta presentación que el Norte de la educación teológica es la missio Dei podría presuponerse, erróneamente, que dejamos de lado los contenidos teológicos y nos importan solo aquellos que tienen que ver con algún área de la práctica ministerial.  No es así.  El saber y la reflexión teológica son la columna vertebral de todo proceso de formación ministerial. El problema ha sido que en las escuelas de teología se hace reflexión teológica con los ojos en la espalda.  Se supone que la calidad y profundidad teológica puede medirse de acuerdo a la habilidad que podemos desarrollar para el manejo de nombres, tendencias y corrientes teológicas. Es una teología arqueológica que se goza en descubrir y redescubrir elementos de la tradición. En este juego, el buen teólogo es el que conoce a la perfección lo que Barth, Tillich, Calvino o Bultmann pensaron.  Desde la perspectiva de una iglesia viva y contemporánea si este saber no esta vinculado a la misión es una pérdida de tiempo.  La iglesia pierde, entonces, la riqueza del pensamiento cristiano en su tradición. Lo que los educadores teológicos no se dan cuenta, es que quienes se destacaron por su pensamiento en el pasado lo hicieron porque supieron vincular sus ideas a los desafíos de su tiempo.

Una formación ministerial teológicamente sólida tendrá sus raíces en el pasado pero sus ojos en el futuro. ¿Qué significa hacer teología del tiempo futuro? No es profetismo falso ni adivinación.  Es saber discernir los signos de los tiempos, mostrar el rumbo y ayudar a la iglesia a entender y anticipar los desafíos. La velocidad de los cambios sociales, tecnológicos y culturales demandan de la iglesia respuestas cada vez más rápidas.  Los seminarios deberían formar teológicamente para el mundo de mañana. Si así se hiciera el 100% de los pastores y líderes querrían estudiar allí.  El mundo secular se mueve de esta manera.  Hoy en los mercados de futuro de New York, Londres, Chicago o Tokio se conoce el precio del trigo, oro o ganado del año 2010.  Sabemos que el último modelo de computadora o teléfono celular que está a la venta tiene una antigüedad de por lo menos cinco años.  Hoy está inventado lo que será el último modelo dentro de cinco años.  Nadie compra cosas nuevas, todos compramos antigüedades desactualizadas.  ¿Qué espacios hay en nuestros seminarios para la teología del futuro?

Una formación ministerial teológicamente sólida sabrá vincular la reflexión teológica con la espiritualidad.  En nuestras escuelas de teología en la misma  medida que intenta elevarse el nivel académico disminuye la espiritualidad, como si hubiera una contradicción entre ambos.  Cuando la iglesia no encuentra en los seminarios un espacio para formar en la devoción y espiritualidad a sus líderes, termina por crear sus propios programas, de manera tal que se asegura que la educación se dé en un contexto de vida. Tenemos que reconocer aquí que no todas las iglesias tienen las mismas expectativas. Aquellas que provienen de la reforma privilegiarán la cuestión académica a expensas de la espiritualidad.  Ellas argumentarán que la espiritualidad no es un asunto que le compete a la institución teológica sino a la iglesia.  Por su parte, las iglesias de tradición evangélica  privilegiaran los elementos de espiritualidad a expensas de lo académico.  Como ocurre siempre la solución no está en los extremos. Es necesaria una espiritualidad teológicamente fundamentada y una teología espiritualmente enseñada.  Si esto es así, debemos revisar los requisitos espirituales que exigimos del cuerpo docente. No son suficientes los grados académicos si no vienen acompañados de una vida consagrada.

Sobre la espiritualidad en la formación teológica Gouveia Mendonca dice:
“… es necesario superar la dicotomía entre lo espiritual y lo intelectual.  La tradición cristiana se compone de estos dos aspectos de la vida religiosa: el sentir y el conocer.  Ambos no pueden entrar en conflicto ni excluirse mutuamente, por lo que las barreras deben ser superadas por el principio de la totalidad.  El principio de la totalidad es el concepto de que la teología es un todo compuesto por la biografía del teólogo, las circunstancias de su tiempo y los elementos de universalidad presentes en su pensamiento”.
Una formación ministerial teológicamente sólida será aquella capaz de articular la Palabra de Dios, la reflexión teológica y la missio Dei.  Cuando el estudio de la Palabra de Dios se encierra en el texto bíblico, la teología se satisface a si misma y la misión se deja de lado, la tarea es estéril.  Por el contrario si fuéramos capaces de integrar la Biblia, la teología y la misión la educación teológica comenzaría a tener sentido para el estudiante y para la iglesia.
EDUCACIÓN TEOLÓGICA MINISTERIALMENTE ÚTIL
Uno de los problemas que tenemos en la relación entre iglesia y educación teológica es que ésta última ha tenido una visión muy estrecha de a quienes enseñar.  Uno de los énfasis característicos del protestantismo, el sacerdocio de todos los creyentes, no se ha visto reflejado en los programas y objetivos de los seminarios.  Es cierto que ha habido algunos intentos de abrir la educación teológica a otros ministerios, pero no han sido suficientes.  Ya hemos señalado que tal como están armados los programas de estudio la prioridad está puesta en la formación de teólogos, luego el pastorado y finalmente el currículo se completa con algunos cursos relacionados a otros ministerios.  Las escuelas teológicas en América Latina siguen mirando a sus instituciones hermanas de Europa o EE.UU. como los modelos a alcanzar.  Esta visión hace que en la medida en que cuentan con recursos humanos y materiales los usan en pos de ese objetivo.

La iglesia en América Latina es una iglesia viva, creciente y que trabaja involucrando a muchos de sus miembros en los ministerios.  A diferencia de lo que ocurre en los EE.UU. estos ministerios no son rentados, quienes sirven no están dedicados exclusivamente a ellos, y no han recibido otra preparación ministerial más de la que pudo recibir de su propia iglesia.  En el caso de los pastores, a excepción de los de las mega-iglesias cada vez son más los que tienen otro trabajo secular además del ministerio.   
Una educación ministerialmente útil desarrollará una metodología de educación y un contenido de los cursos de acuerdo a esta realidad.  No son los ministerios de la iglesia los que deben adaptarse al molde de los seminarios, sino los seminarios los que deben adaptarse a la situación de la iglesia. 

¿Qué metodologías usar para que todos puedan estudiar?  La respuesta que han dado las instituciones teológicas refleja su ideología.  Tienen un programa con una metodología y contenido tradicional.  Allí se enseñan lenguas bíblicas, varios cursos de teología e historia, predicación y algunos otros más “prácticos”.  Este es el programa en serio.  Luego, las instituciones más sensibles tienen otros programas, algunos de ellos con cursos intensivos y con contenidos más ministeriales.  Estos son programas de segunda categoría y por lo general no reciben la misma acreditación que el anterior.  El resultado ha sido que hoy no tenemos ni teólogos ni ministerios cabalmente preparados.
Un educación ministerialmente útil hoy debe ser pensada para personas vi vocacionales y con un contenido que abarque la complejidad y pluralidad de los ministerios de la iglesia. El currículo debería incluir bioética, ciencias sociales (política, economía, pensamiento contemporáneo, etc.), liderazgo, mundo globalizado, nuevas tecnologías, familias no tradicionales, iglesia posmoderna, nueva religiosidad, etc.  
Pero también necesitamos teólogos.  La iglesia debe estar dispuesta a invertir tiempo y recursos en la formación de los doctores de la fe.  Hoy sufrimos la invasión de toda clase de doctrinas y modas teológicas.  No solo falta profundidad en el pensamiento de la iglesia sino también discernimiento.  La iglesia latinoamericana está pagando un alto precio por haber renunciado a la formación de sus teólogos y haberse contentado con un activismo superficial.  Invertir en teólogos no es un lujo sino una necesidad impostergable.  Al mismo tiempo las instituciones teológicas deben saber que las iglesias apoyarán la formación de teólogos cuando descubran que lo que ellos/ ellas producen tiene que ver con la vida y misión de la iglesia.

Los teólogos hoy no pueden ser arqueólogos de una iglesia muerta, sino visionarios de una iglesia viva.
EDUCACIÓN TEOLÓGICA CONTEXTUALMENTE RELEVANTE
Mientras el mundo y la iglesia cambian la educación teológica no puede permanecer invariable como si nada sucediera a su alrededor.  Una educación teológica contextualmente relevante es aquella pensada desde un contexto determinado para un contexto determinado.  La teología llega a ser verdaderamente universal cuando es profundamente contextual.

Un tema central en la agenda de las iglesias latinoamericanas es el de la transformación de la sociedad.  Vivimos la paradoja que paralelamente al crecimiento de la iglesia se ha degradado la sociedad.  No es que la iglesia sea responsable de estos males, pero si es responsable de no haber afectado a la sociedad con los valores del reino de Dios.  Muchas iglesias hoy se preguntan ¿Cómo hacerlo? Algunos lo intentan por caminos casi mágicos, ungiendo a las ciudades con aceite desde un avión. Otros optan por el camino de la política y vemos entonces que en cada país se presentan decenas de pastores que como candidatos “evangélicos” prometen desde la participación política cambiar a la sociedad. ¿No deberían ser los seminarios los espacios para la discusión y propuesta de estos temas? ¿No deberían ser los seminarios los lugares en los que se preparen los líderes que afectarán a la sociedad? ¿Están estos temas presentes en las agendas de los seminarios?

Una educación teológica contextualmente relevante es la que hoy en América Latina toma en serio los desafíos de la religiosidad posmoderna, hedonista y superficial. ¿Cuál es la estrategia ministerial para este tipo de iglesia?¿Cómo se preparan ministerios para una iglesia posmoderna?
Una educación teológica contextualmente relevante trabajará con el problema del poder y los poderes.  ¿Qué espacio tiene en el currículo la lucha con los poderes espirituales? ¿Seguiremos excluyéndolos de la reflexión teológica y de la preparación ministerial como lo hicimos durante toda la modernidad racionalista? ¿Dejaremos este tema en manos de improvisados aprendices de brujos con título de pastor?  Pero, además de los poderes espirituales está el poder concreto, histórico y la lucha por el poder.  ¿Qué significa la proliferación de apóstoles si no una lucha carnal por el poder? ¿Cómo puede un seminario preparar apóstoles siervos en lugar de monarcas megalomaníacos?
Podríamos multiplicar las preguntas al infinito pero hay dos cuestiones claves que debe responder toda institución teológica que pretenda ser contextualmente relevante: ¿Estamos ayudando a entender el mundo y, como consecuencia transformarlo? ¿Estamos ayudando a entender la iglesia y, como consecuencia, afectar su misión y ministerio?

Propongo que humildemente, quienes somos parte de la educación teológica, profesores, teólogos, seminarios, administradores, estrategas, caminemos el camino de la cruz.  Es decir, estemos dispuestos a crucificar nuestras viejas estrategias, nuestras antiguas metodologías, nuestros programas irrelevantes, para dar lugar a algo nuevo.  La brecha entre la educación teológica y la iglesia no se cerrará con arreglos superficiales ni adoptando la última metodología de moda. Esto será posible cuando humildemente reconozcamos nuestro fracaso, pongamos todo al pie de la cruz y nos dispongamos a ser parte de lo nuevo que Dios quiere hacer.

¿Tendremos el valor para esto?